dissabte, 20 febrer de 2010

La segunda reconversión.



En los albores de los años 80 se produjo en España una reconversión industrial de los medios de producción, para adaptar nuestra industria, -sobre todo la naval y la siderurgia-, a la nueva situación internacional del trabajo. Esta reconversión implicaba un recorte drástico de la capacidad productiva y el grado de ocupación en muchas empresas. Hubo cierre de empresas y muchos trabajadores engrosaron las filasd del paro.
Todo eso fue fruto de los Pactos de la Moncloa suscritos en 1978, pero no se pudieron poner en practica hasta bien entrada la década de los ochenta como ya hemos indicado. Eran años en que España salía de una profunda crisis económica, -como todo el mundo occidental-, a consecuencia de lo que fue llamada la crisis del petróleo de los 70, en nuestro país, agravada por los acontecimientos de todos conocidos. La muerte del dictador, la frágil y a veces convulsa transición que le siguió y que al final desembocó en el frustrado golpe de Estado de febrero del 81.
En toda Europa a raíz de la crisis del petróleo, empezaron las traumáticas reconversiones indústriales, pero en España, por las razones ya apuntadas no se pudo realizar hasta mediados de los 80. Por lo tanto se hizo tarde y mal. Como siempre.
Cuando empezaba la década de los 90, parecía que de la crisis del petróleo y la reconversión industrial ya nadie se acordaba, además había unos buenos augurios; Barcelona acababa de llevarse la adjudicación de los Juegos Olímpicos del 92, y la Expo de Sevilla’92, por tanto prometíamos la construcción de grandes infraestructuras, para estos eventos.
Todo empezó a dispararse, la construcción llego a cotas insospechadas y pasó a convertirse en motor de la economía de España. Importamos como nunca mano de obra -cualificada y no cualificada-, el levante español hervía de fervor constructivo, -las grúas no dejaban ver el mar-, el precio de los pisos sufría alzas continuas sin ningún control.
Todo se disparó, el crecimiento no tenia límite, coches, -varios por familia-, electronica, comercios, bazares chinos, bares, restaurantes, oficinas de viajes, vacaciones al extranjero, vuelos “low cost”, fabricar, producir, gastar, vender, comprar. Pisos, apartamentos en la costa, vehículos 4x4….
Oleadas de inmigración clandestina, mano de obra barata, cuanta mas mejor.
El aeropuerto de Barajas, el gran coladero de toda la inmigración sudamericana, con visados de turista, recibía a familias enteras. España era El dorado de Europa, los papeles se habían intercambiado.
Leyes de extranjería, para regular el flujo inmigratorio, si, pero incumplidas sistemáticamente. Había trabajo para todo el mundo. El mundo laboral lo absorbía todo.
Y así dos décadas. España generando empleo a espuertas con el boom de la construcción, y la masiva llegada de gentes de todo el mundo atraídos por la bonanza de nuestra boyante economía -eso si basada en el ladrillo y el turismo-.
Nuestro país era el paraíso de especuladores de todo el mundo, invirtiendo sin cesar en nuevas promociones. Los bancos dispensando hipotecas, y lanzando ofertas para un consumo desmesurado y sin fin.
Ya habíamos alcanzado en PIB a Italia, y pronto alcanzaríamos a Francia. “España va bien”, decía el gobierno de Aznar, y Zapatero se lo creyó. Ambas administraciones estando en el poder, mirando hacia otra parte, mientras nuestra economía, se subía al carro de la especulación y el crecimiento ilimitado.
Y en estas vino la crisis financiera con las “subprime” americanas, espoleadas por los tiburones de Wall Street. Y la catástrofe. En un mundo globalizado, la crisis repercutió primero a las economías occidentales y después al resto del mundo. Cada gobierno reacciono en función de sus modelos económicos. Así parte de Europa i EE.UU., con economías basadas en el diseño y fabricación, con fuerte implantación de la innovación y sobre todo la exportación de productos de calidad, capearon la crisis, con sentido común, y con medidas inteligentes de sus gobernantes y apoyos responsables de sus respectivas fuerzas opositoras, van saliendo de esta impresionante recesión, que por otra parte estaba anunciada y era de prever que un crecimiento ilimitado e insostenible, algún día tenia que regularizarse.
Todos menos España. España adalid de la cultura del pelotazo, de la especulación, de la chapuza, y del dinero fácil, con mano de obra poco cualificada y con un tasa de producción, por debajo de la media europea, no encuentra la salida, no tiene alternativa para su modelo productivo.
Parches y palos de ciego por parte de gobierno, y atizando el fuego la oposición.
Si a todo esto añadimos una clase política, que ha sido incapaz de anteponer el bien común, por encima de sus intereses partidistas, -no demasiado alejada, por otra parte de los estándares europeos-, pues ya tenemos el crac.
Ya no se trata de un cambio de gobierno, no tenemos políticos en este país con suficiente intuición y preparación para buscar salidas a la crisis. No con este modelo económico. Y no parece que nadie,. -ni derecha ni izquierda- tiene la varita mágica, y la solución. Basamos nuestro sistema productivo en “fabricar” pisos sin saber si se podían vender, y arrastramos a un sin fin de gremios que contaban con la industria de la construcción, para desarrollar sus productos. Muerta la gallina de los huevos de oro, se acabo la fiesta. Se crearon empresas, industrias y centenares de puestos de trabajo a rebufo de la construcción. No hay alternativa. Sobra de todo. Todo estaba sobredimensionado.
Conclusión, nos costara salir de la crisis, hace falta mucha imaginación para cambiar el modelo productivo. Ya hay expertos que saben cual es el modelo, y donde esta la solución. Hace falta una segunda reconversión industrial, basada en otros parámetros. Los actuales están obsoletos, ya no sirven.
Ahora solo falta que los políticos escuchen, y si no lo hacen, los ciudadanos tendríamos que tener la última palabra, en nuestra mano están los votos. Es el momento de la reflexión. ¿A quien se los damos?.... o no se los damos.
Nuestra clase política no ha hecho gala de merecer nuestra aprobación.
¿Dónde está la solución….?